El porqué y el cómo de mi nacimiento en Melilla

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El porqué y el cómo de mi nacimiento en Melilla
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Mercedes Carles Candeira nos envía un nuevo relato corto para disfrute de los visitantes y exploradores de nuestra página web.

Disfrutadlo y si queréis acceder a otras colaboraciones de Mercedes podéis hacerlos pinchando sobre sus enlaces:

Los Poemas de Merche I.

Los Poemas de Merche II.

Ocurrió en Londres.

El porqué y el cómo de mi nacimiento en Melilla

Antes de empezar: Mercedes ha enviado una segunda edición de este relato ilustrada con fotografías. Si quieres acceder pincha sobre este enlace.

Y ahora sí:

El porqué y el cómo de mi nacimiento en Melilla

Tenía ganas de escribir y, he pensado: ¿Por qué no hacerlo? Y 'pensat y fet': aquí estoy. Tengo cuerda para rato, así que lo iré dosificando y trataré de hacerlo ameno para que sea de vuestro agrado.

Como veréis, el título indica que voy a hablar sobre cómo llegué a nacer en Melilla, esa tierra a la que quiero tanto (la única generación de allí somos mi hermano y yo, ya que  mi hermana pequeña nació en la Península). Y lo lógico es empezar por el principio. Para eso me tengo que remontar a mi queridísima abuela materna, pues ella, junto con mis padres, es la responsable de que yo comenzara una vida que, menos de aburrida -ya iréis leyendo muchas anécdotas si me seguís en esta narración-, se le puede aplicar cualquier calificativo. 

Mi abuela (a ella le gustaba que la llamáramos abuelita), se llamaba  Petra De Gaztambide Díaz, (“Petrita” para los amigos y conocidos). ¡Vaya nombre que le pusieron!, pero ella lo hacía bonito, pues es comparable con la preciosa ciudad de Petra, en Jordania.

Aunque no nació en Melilla, ciudad a la que siempre quiso mucho, tuvo a bien hacerlo, en 1896, en Manila (Filipinas), archipiélago situado en el continente asiático, que un par de años después tuvo que abandonar por la guerra hispanoamericana de 1898 al ser derrotada la Armada Española en la Batalla de Cavite, ya que mi bisabuelo, que fue Contralmirante de la Armada, estaba allí destinado. A título anecdótico cabe destacar que no deja de ser curioso que mi abuela, mi madre y yo, seamos de tres continentes diferentes.

Como primera anécdota contaré que, una noche, mientras mi bisabuela estaba amamantando a mi abuela, se quedó dormida y, al despertar, se encontró con que estaba dando el pecho a una culebra; entretanto, muy lista “la bicha”,  a modo de chupete le había puesto su cola a la bebita, que parecía estar más ancha que pancha. ¡Cosas de mi abuela!

En el regreso al continente europeo viajaba junto a mi familia, entre otros muchos matrimonios, uno que adoptó un niño tagalo de unos 4 o 5 añitos, según nos contaba mi abuela. Este matrimonio, al cabo de un par de años fueron padres biológicos de un hermoso bebé, y el hermanito tagalo siempre estaba acechando sobre la cuna o sobre el cochecito de capota del recién nacido, ¡vamos, que no le quitaba ojo¡, y la mamá, extrañada, le preguntó un día: -¿ por qué estás siempre tan pendiente de tu hermano?- a lo que el niño le respondió: ¡es que debe de estar tan tiernecito! ¡Vamos, que se habían traído a un antropófago!, y tuvieron que repatriarlo; y como mi abuela de todo hacía un chiste, ya que se reía de su propia sombra, (era el humor personificado ), nos decía: cualquier día, si no se llegan a percatar, se encuentran al bebé en los puros huesitos. ¡Cosas de mi abuela!