Casa de Melilla en Madrid

¿... REPUBLICONEANDO...!
Álvaro Cordón Flores.

República a secas no es garantía de democracia.

Hay repúblicas democráticas, eso está claro, pero también las hay populistas, antidemocráticas, fascistas, dictatoriales, totalitarias, genocidas y hasta hereditarias.

Repúblicas fueron gobiernos tan famosos como los de Hitler, Mussolini, Stalin, Pinochet y otras repúblicas actuales, con ciertas o parecidas similitudes con las anteriores.

Monarquías parlamentarias (más bien: repúblicas democráticas, monárquicas y parlamentarias) son gobiernos de países tales como: Australia, Bélgica, Canadá, Dinamarca, España, Holanda, Japón, Luxemburgo, Noruega, Nueva Zelanda, Suecia y Reino Unido.

Su forma de gobierno y de representación política, a través de elecciones libres y democráticas, son los que se corresponden con los de una república democrática.

Todas estas monarquías parlamentarias se encuentran entre los 20 países más prósperos y democráticos del mundo, cosa que no ocurre con la mayoría de repúblicas en el mundo, sobre todo las de determinados sesgos.

La diferencia entre una república democrática, y una república democrática y monárquica parlamentaria, es que la jefatura del estado la asume el rey (o reina) pero siempre sometido al parlamento y al gobierno de la nación. Sin ningún género de duda, está claro que nuestra república democrática, monárquica parlamentaria es más democrática y parlamentaria que esas otras repúblicas dictatoriales, totalitarias y faltas de democracia que tanto defienden determinados dirigentes de algún que otro partido, los cuales exigen libertades totales y bienes y servicios máximos aquí, en España, sin darse cuenta del gran favor que podrían hacerle a los ciudadanos de esas dichas repúblicas, si lo que plantean aquí lo plantearan allí.

Hablan de la monarquía y de la república de forma tramposa, porque meten en el mismo saco: monarquía absoluta y monarquía parlamentaria, así como república dictatorial y república democrática. Así identifican república con democracia, negándole a la monarquía parlamentaria la cualidad de democrática, que es lo que quieren dar a entender.

No es honesto ni políticamente, ni socialmente. ¿Por qué no son claros y, sobre todo, por qué son tan aficionados a esas repúblicas donde sólo existe partido único y donde la libertad de opinión y de expresión están tan exageradamente controladas y reprimidas?

Existe la total seguridad de que, en esas repúblicas, estos aguerridos vigilantes de esencias democráticas no hubieran podido, ni tal vez hubieran querido mover un solo dedo en pro de la defensa de los derechos democráticos de sus ciudadanos.

Esos excelsos dirigentes, que tan exigentes se muestran pidiendo referéndum sobre la jefatura del estado, que no de la forma de gobierno, que ya es republicana, no deben olvidar que la misma constitución que aprobó nuestro ordenamiento político, también aprobó las subvenciones a partidos y sindicatos para su financiación, pagadas por todos los españoles, incluidos no afiliados y desafectos.

¿Votamos también en referéndum si les queremos seguir subvencionando?