Casa de Melilla en Madrid

Creemos que es bueno conocer todo lo que le rodea que aunque no sea Melilla está vinculado  a ella, y lo intentaremos tomando algunos apuntes de la magnífica obra “Guía de la naturaleza de la región de Melilla” editada por el Ayuntamiento de Melilla en 1986, de autores melillenses, Rafael Yus catedrático de Ciencias Naturales y José Manuel Cabo profesor de Biología.

Podemos redactar lo siguiente:

<< La naturaleza geológica, botánica y zoológica de Melilla, es de la misma naturaleza que la que se extiende por su entorno fronterizo, la región de la Guelaya que pertenece al actual Marruecos, cuyo nombre proviene de “Al Kelaia” que significa zona de fortaleza y que evolucionó a Kelaya o Guelaya, éste territorio se encuentra situado en la parte noroccidental de África cuya evidente unidad geográfica difiere de la administrativa>>.

El núcleo más importante del territorio natural de la Guelaya es la ciudad española de Melilla.

La naturaleza de la región de la Guelaya de Marruecos comprende la península o cabo de Tres Forcas accidente geográfico que se adentra en el Mediterráneo, con su orientación norte sur, corta los vientos dominantes este (levante) y oeste (poniente), en la base se sitúa el monte Gurugú, la peculiar laguna de la Mar Chica, la desembocadura del río Kert, el macizo de Beni Bu Ifrur y las minas del Rif, las llanuras cerradas por el río de Zeluán, parte del macizo de Quebdana y por último el mar, este conjunto tiene una extensión de unos 723 kilómetros cuadrados, limita: al norte con el mar Mediterráneo; al sur hasta pasado los límites del macizo de Beni-Bu-Ifrur con El Gareb, al este con zona de Quebdana y al oeste el río Kert y la meseta de Tikermín en los límites con la cabila de Beni-Said que pertenece a la región del Rif.

La Guelaya marroquí está poblada por indígenas en su mayoría de raza beréber imarzighen, hablando el “chelja” y  minoría  de raza arabizada, ambas a veces cruzada con raza negra. Éste pueblo y según su historia se constituyó por tribus unidas por lazos familiares, básicamente lo forman cinco cabilas:

BENI SICAR, con una extensión de 158 km2, ocupa el Cabo de Tres Forcas al oeste de la región de Melilla.

MAZUZA, con 106 km2, la menos empobrecida y más poblada, se sitúa al este de Melilla y ocupa desde el Gurugú, hasta Zeluán posiblemente incluya parte de Quebdana.

BENI-BU-IFRUR, con 169 km2, es zona de minerales, ocupa el macizo del mismo nombre y desde los límites al sur de Zeluán hasta El Gareb.

BENI-BU-GAFAR, tiene 78 km2, comprende la parte oeste del macizo del Gurugú, desde Isaguen hasta el río Kert.

BENI-SIDEL, ocupa 212 km2, situada al sur de Beni-Bu-Gafar, y al oeste del macizo de Beni-Bu-Ifrur, cruza el río Kert e incluyendo a Da Drius, llega hasta la meseta de Tikermín.

Ha existido una pequeña controversia sobre si la orografía de la Kelaya debe incluirse en la del Rif, pero lo cierto es que el Rif acaba cerca de la ribera izquierda del río Kert según su desembocadura, quedando por tanto la Kelaya separada de esta región y esto tiene fundamento social, ya que los nativos de la Kelaya no se tienen por rifeños ni estos en su momento encabezados por Abdelkrím reivindicaron la Kelaya, hecho significativo que despeja dudas. El atuendo de los individuos de estas cabilas incluidas las del Rif y otras, típicamente para el hombre, es la chilaba de lana hasta las rodillas, de color marrón más o menos oscuro, turbante blanco, pantalón hasta las pantorrillas, tipo de bombachos abombado entre las piernas, llamados “zaragüelles”, calzaban babuchas o sandalias de esparto. Las mujeres usaban vestido largo generalmente de algodón y color blanco, solían ir descalzas y en contraposición con el resto de las mujeres islámicas, no se tapaban la cara, los tatuajes tribales en la frente y barbilla son reminiscencias de un pasado cristiano anterior a la islamización, no podían elegir a sus maridos, los matrimonios lo deciden sus padres o hermano mayor con el novio, que no ve a la mujer íntimamente hasta después de la boda. Estas tribus normalmente son monógamas, pero más por cuestiones económicas, legalmente podrían tener hasta cuatro mujeres.

Los poblados no se constituían como núcleo urbano, sino por conjuntos dispersos separados por casas a unos cuantos metros de forma rectangular de una sola planta, con un patio interior y rodeadas y protegidas por setos de chumberas o muros de piedras, en tiempos primitivos tenían en el interior una especie  de fortín para defenderse de las agresiones exteriores, puesto que el entorno era violento y sangriento, cualquier ofensa podría desencadenar una lucha cabileña y hasta una guerra tribal. La dieta era poca variada compuesta por frutos secos, cereales más la cebada que el trigo, miel y leche y sus derivados, la carne era muy escasa y prohibitiva por lo precario de su economía, compensada en parte por el trabajo temporal en los pocos centros urbanos y sobre todo la emigración temporal de pocos meses para trabajar en las granjas francesas en Argelia. La superstición y el fanatismo hacen presa en muchos de estos individuos, en tanto el respeto y la veneración por los santones es proverbial, ya sea por los jerifes descendientes del profeta o los morabitos que gozaban de gran prestigio e intervenían y mediaban en las disputas entre cabilas y tribus, algunos de ellos llegaron a tener gran influencia en asuntos religiosos y políticos.