Fiesta I Aniversario

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Gran y multitudinaria fiesta de cumpleaños.

Ha pasado un año y los 19 que empezamos ya somos 84. Un largo año que se ve lejano a pesar de lo que corre el tiempo porque desde ese 30 de noviembre de 2010 han ocurrido muchas cosas y se puede decir que la actividad ha sido frenética.

Para celebrarlo organizamos una gran fiesta en la finca Pajar Blanco, una finca dedicada entre otras actividades a la ganadería de reses bravas y caballos. La generosidad de los Hermanos Pérez Villena, Javier y David,  y de su padre Ismael, permitió disfrutar de un escenario de ensueño para conmemorar nuestro primer cumpleaños.


El día 3 de diciembre comenzó temprano para todos. Los socios que asistirían se prepararon para acudir a los puntos de encuentro. Los que lo hicieron en su coche, plano en mano, a la finca directamente; los que hicieron uso del autocar contratado por la Casa de Melilla en Madrid en los transportes públicos hasta la puerta 0 del Estadio Santiago Bernabeu y los organizadores a sus obligaciones.

Por un lado Carlos Lisbona y José Luis Céspedes a Manzanares el Real donde en el domicilio de Manuel Lisbona se juntarían con Josefa Ariza, María Luisa Rojas, Miguel Ruiz y Román García que habían partido de Colmenar Viejo. Los siete constituían el grupo encargado del trabajo duro de la elaboración del plato principal, los pinchitos morunos.

Transportando la carne, anafres, carbón, pinchos y demás productos y utensilios necesarios para su elaboración, se encaminaron a la finca donde les esperaba pinchar más de trescientos pinchos, encender carbón y colaborar luego en otros equipos.

María Luisa Santiago con la lista de asistentes en la mano a la cita con el autobús para hacerse cargo, recibir a los socios y responsabilizarse del traslado.

Rosa Queipo y Julio Miranda, con la furgoneta cargada el día de anterior por ellos mismos, Juan Marfil (ayudante para todo) Paco Montero (sumiller de la Casa de Melilla en Madrid) José Luis Céspedes, y Manuel Lisbona, con el grueso de las provisiones y utensilios para la fiesta, se dirigieron primero a Entrevías donde se encuentra el servicio de catering que nos elaboró la pastela, el pastel de Calatrava y el café, y después de recogerlos con destino a la finca.

Llegados a la finca cada uno se puso a sus tareas. El equipo de pinchos a los pinchos, anafres y demás, Rosa Queipo se hizo cargo de la organización de la sala donde daríamos cuenta de nuestras viandas, Julio Miranda y José Luis Céspedes, ayudados por un empleado de la finca, descargaron la furgoneta.

Poco más tarde, cuando los pinchos estaban encarrilados,  Miguel Ruiz y Román García se unieron al equipo de sala para montar, distribuir y vestir las mesas. Algo más tarde se incorporarían también las chicas, Josefa Ariza y María Luisa Rojas, quedando los pinchos bajo la responsabilidad de los hermanos Lisbona.

Y así se fue echando el tiempo encima y pronto llegaron los socios que eligieron la opción de desplazarse en su coche particular. También, a su hora, Javier Fadrique y Carlos de Miguel, Presidente y Directivo de la Casa de Melilla en Valladolid, que nos honraron con su compañía en nuestra fiesta. Poco más tarde llegó Adolfo Ramos, uno de nuestros invitados especiales, acompañado de sus padres, desplazados especialmente para la fiesta desde Granada y Melilla.

Finalmente recibimos la llamada de socorro del autocar; no encontraban la entrada a la finca y se habían pasado un poco.

Julio Miranda que había abandonado las labores de montaje y trabajo duro por las mucho más agradables de ejercer de anfitrión con los invitados, cogió de nuevo la furgoneta y se fue a la búsqueda de los extraviados, esperándolos a la entrada del camino que desde la carretera llevaba a la finca.

Y como los vehículos del “Follow me” de los aeropuertos guió al autocar hasta el interior de la finca.

Cuando llegó el grueso de los invitados se incorporaron a sus quehaceres Ana María Marfil que había sido designada fotógrafa oficial del acontecimiento, Juan Marfil en apoyo del equipo de pinchitos y Paco Montero que se hizo cargo de la barra del bar.

María Luisa Santiago, cumplida su misión de Jefe de la expedición del autocar, cuya guía había dejado en manos del explorador de la Casa José Marín, el Vicepresidente; se incorporó al grupo de sala para contribuir a su preparación.

Y un montón de voluntarios, imposible de nombrar a todos, que se dedicaron a ayudar y dar los últimos toques en los trabajos de organización.

Cuando ya estaba todo listo a recorrer la finca.

Maravillados entre los impresionantes toros bravos, las instalaciones de la finca, sus cuadras llenas de magníficos caballos y una preciosa plaza de tientas, empezamos a hacer boca para disfrutar poco más tarde del apetitoso menú que teníamos preparado.

Plaza de tientas por ponerle un nombre porque la preciosa plaza cubierta, en la que luego disfrutaríamos de unas vaquillas, nos dejó a todos boquiabiertos, atónitos e impresionados por la tremenda generosidad de la familia Pérez Villena que nos había cedido desinteresadamente su casa para celebrar nuestra fiesta.

La plaza se comunicaba directamente a través de un amplio corredor-estancia-paseo, no sé si eso tiene nombre o al menos quien escribe esto no sabe cómo llamarle, con la zona de comedor en la que habíamos dispuesto diez mesas para diez comensales muy cómodamente dispuestos y que se completaba con un gran escenario y tablao y una barra de bar con toda su equipación.


Al fondo una escalera te llevaba por un pasillo abovedado al exterior, a la zona de barbacoas donde habíamos instalado los anafres, en la que los “pinchiteros” ya se afanaban  en asar la primera tanda de pinchitos.

A la izquierda del corredor-estancia-paseo, o como quiera el Señor que se llame, una coqueta capilla torera lucía un Belén acorde a las fechas en que nos encontrábamos; y a la derecha otro impresionante salón para grandes eventos cubierto por una impresionante bóveda mudéjar y cerrado por una extraordinaria puerta, joya de la carpintería artesana.

Toda la instalación decorada con sumo gusto y piezas rústicas y taurinas que despedían al ambiente un elegante aire evocador de nuestra Fiesta Nacional.

Y así, poco a poco, entre paseos, fotografías para el recuerdo, entretenidas charlas y muestras de nuestra alegría y disfrute, nos fuimos acomodando todos en las mesas dispuestos a dar buena cuenta del festín que teníamos preparado.

Comenzamos con unas entradas a base de queso zamorano, un rico jamón ibérico del que no quedó ni las bandejas que lo contenían y una estupenda ensaladilla rusa, especialidad de La Fuentona, que el dueño del bar-restaurante donde se fundó la Casa de Melilla en Madrid preparó especialmente para nosotros.

Desde el principio todo entraba ayudado por las cervezas, refrescos y vinos seleccionados por Paco Montero, un tinto de la Tierra de Castilla, ARGUM SYRAH , que tuvo un éxito extraordinario y un blanco que aunque no pudo ser el seleccionado, un riquísimo vino de Madrid que cuando fuimos a adquirirlo se había agotado,  fue sustituido por un digno y siempre recurrente Barbadillo.

Calientes ya las mandíbulas y las papilas gustativas, comenzaron a llegar los pinchitos, exquisitos, esperados y anhelados por todos; y la pastela que agradó y gustó sobremanera a todos.

Comimos, repetimos, comimos y repetimos otra vez y aún así hicimos hueco para el postre, un delicioso pastel de Calatrava.

Los licores, el café y las copas.

Con los pinchitos teníamos más experiencia y sólo hubo que consensuar la receta entre los que se iban a repartir la carne para aliñarla. Un poco más complicado fue la pastela pues después de buscarla por distintos restaurantes marroquís de Madrid la opción fue rechazada por varios motivos, casi siempre concurrentes: escasa higiene, mala calidad, precio abusivo y poca confianza en la capacidad logística de los mismos.

Finalmente optamos por encargarla al Catering Isabel Caro que si bien no la habían hecho antes se comprometieron a hacerla con nuestras indicaciones; así que con recetas de Rosa Queipo les encargamos la elaboración de la pastela y del pastel de Calatrava con el que también se estrenaron. Tras una prueba y sus correspondientes correcciones se obtuvo el maravilloso resultado que todos pudimos disfrutar.

Como los elaborados tuvieron el éxito que tuvieron nos hemos decidido a abrir una nueva categoría de recetas en la sección Colaboradores - categoría Recetas en la que encontraréis las recetas de los pinchitos, consensuada por Manuel Lisbona, José Luis Céspedes y Julio Miranda, y las de la pastela y el pastel de Calatrava de Rosa Queipo. Si quieres acceder pincha aquí.

Al término de los postres, Julio Miranda el Presidente de la Casa de Melilla en Madrid, dirigió unas palabras, primero a la familia Pérez Villena agradeciendo su hospitalidad y luego a los socios en las que enumeró los logros conseguidos por la Casa de Melilla en Madrid durante su primer año de vida y expresó el deseo de que el próximo año sean capaces de conseguir la añorada sede que consolide definitivamente a la Casa Regional de Melilla en la capital de España, tan querida y esperada por los melillenses de Madrid y Melilla, y tan necesaria para Melilla necesitada de una representación popular y cultural en la principal ciudad española y una de las más importantes de Europa.

Lamentó y lo anotó como un apunte en el debe de la contabilidad de objetivos de la Asociación el que ninguna autoridad melillense nos hubiese acompañado en esta fiesta tan especial para la Casa de Melilla en Madrid ni en ninguna otra a pesar de que a todas las celebradas hasta ahora habían sido invitadas.

Seguidamente en nombre de la Casa de Melilla en Madrid hizo entrega de una metopa con el escudo de nuestra ciudad y una placa conmemorativa a la familia Pérez Villena como muestra de agradecimiento. Fue recogida por Ismael, el cabeza de familia, quien visiblemente contento y emocionado por el detalle, se ofreció a repetir la fiesta pasados unos meses, cuando las circunstancias climatológicas sean más favorables.

Finalmente rindió un pequeño homenaje a Adolfo Ramos, al que hizo entrega de un recuerdo en muestra del apoyo y cariño de los socios de la Casa de Melilla en Madrid, muchos de los cuales nos quedamos con las ganas de acompañarle en su debut en la Plaza de las Ventas.

Al hacerle entrega del recuerdo también le indico que era una muestra no sólo para él sino para todos los melillenses de la disposición de nuestra Casa de Melilla a apoyar siempre a todos los melillenses que vengan a Madrid con la intención de, con su trabajo y esfuerzo, dejar el pabellón de Melilla en lo más alto; pidiéndole que hiciera de mensajero para transmitir ese recado a todos nuestros paisanos.

Si lo deseas puedes leer la totalidad de las palabras pronunciadas por el Presidente pinchando en este enlace.


Terminadas las formalidades continuamos con nuestra particular celebración y tras cafés y copas, y entre charlas y chascarrillos nos fuimos acercando hasta la plaza de tientas donde pudimos disfrutar de la suelta de dos vaquillas que hicieron despertar en algunos de los socios e invitados ese duende torero que los españoles llevamos dentro.

La primera vaquilla estuvo bien, sirvió para ir calentando y que se lanzasen los primeros espontáneos. Se dio sus largos paseos alrededor del ruedo sin que nadie le molestase, campando a sus anchas durante un buen rato hasta que los primeros valientes comenzaron a salir, capote o muleta en mano.

Se produjo el debut de Javier Fadrique (el Presidente de la Casa de Melilla en Valladolid) en los ruedos y muleta en mano e incluso rodilla en tierra citó a su rival. No cortó ninguna oreja porque la res no colaboró en ello.


La segunda vaquilla apareció en el ruedo presumiendo de su Master  en capeas y además de lograr mayor participación de los aficionados dio algún que otro revolcón a uno de nuestros socios. Para despedirse se coló en el callejón e hizo correr como campeones a los socios de la Casa sin que la edad ni los kilos resultara inconveniente alguno.






Después de hacernos expulsar por los poros los restos de impurezas que pudiéramos tener en nuestros cuerpos, volvió al ruedo, saludó al tendido y se marchó, ahora sí, por donde había venido.

Y con esto comenzó la recogida. Poco a poco, con una extraña mezcla de alegría por lo disfrutado y de tristeza porque el autobús calentaba motores para iniciar la vuelta a Madrid, nos fuimos despidiendo, no sin antes expresar nuestro deseo de que pronto organicemos otro evento y volvamos a reunirnos, y pensando sin decirlo, que ojalá Ismael pueda cumplir el deseo que había expresado un rato antes  de volver a organizar otra fiesta en tan estupenda finca.

Accede a las fotografías de la fiesta pinchando aquí.

Puedes acceder al relato de algunos de los encargados de grupo pinchando los siguientes en laces:

Relato de María Luisa Santiago.

Relato de Manuel Lisbona.

Y a las palabras pronunciadas por el Presidente pinchando aquí.