Nuestro Sistema Educativo

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Álvaro Cordón Flores, colaborador habitual, gran amigo y generoso benefactor de la CMLM, inaugura esta nueva categoría de artículos, en gran parte debida a él y a su aporte de ideas para ayudarnos a reforzar la cualidad de difusora de la cultura melillense que pretendemos dar a la Casa de Melilla en Madrid.

NUESTRO  SISTEMA  EDUCATIVO

¿Tenemos que revisar nuestro sistema educativo? Puede resultar una pregunta retórica, dado que todo lo que está en desarrollo, es objeto de revisiones periódicas para comprobar su situación o corregir aquello que se haga necesario corregir, añadir, o cambiar.

En el caso de nuestro Sistema Educativo, no es simplemente un seguimiento lo que se necesita para corregir ciertas dificultades, sino una revisión a fondo del sistema y la propuesta de un nuevo planteamiento, que pueda dar respuesta a los problemas actuales que la educación  padece, y que son lo suficientemente importantes como para tomárselos en serio. El cambio que necesita nuestro Sistema Educativo, no es cuestión de retoques ocasionales para ajustar determinadas actuaciones, sino de fondo. Su problemática se ve reflejada en situaciones diversas, destacando entre ellas: bajo rendimiento escolar, violencia en las aulas, desánimo de una parte significativa del profesorado y

un desprestigio que es visible a niveles institucionales, sociales, familiares y de alumnado.

Debiéramos ser conscientes de: que los adultos no podemos eludir las responsabilidades que nos corresponde, incluyendo a quienes tienen el cometido de proponer, dictar y aplicar las normas educativas que en cada caso corresponda; que la niñez y la adolescencia son el resultado de cómo los hemos educado los adultos, y con qué objetivos  y nivel de exigencia y cumplimiento.

Gran parte de los problemas educativos que señalamos, se debe a una falta de perspectiva de futuro en quienes son responsables de la enseñanza a distintos niveles, y a una serie de actitudes no adecuadas en el ámbito de la familia y la sociedad.

Plantear la enseñanza desde una perspectiva meramente política, ya hemos comprobado que es erróneo. La enseñanza necesita un planteamiento de estado, serio, coherente y que garantice la asunción de los valores democráticos, como son: el respeto a los demás y a sí mismos, el esfuerzo y la responsabilidad. ¿Alguien puede creer, sinceramente y con conocimiento de causa, que pueda subsistir una verdadera democracia, sin estos valores que son básicos para cualquier sociedad?

La educación es un proceso cuyo resultado depende de múltiples y circunstanciales factores.

En las competiciones de "fórmula 1"  se estudia: el coche (neumáticos, frenos, etc) la pista, el tiempo, el recorrido, competidores, etc, etc,  antes de lanzarse a participar en la carrera.

En el éxito de una intervención quirúrgica se estudia: dolencia del paciente, edad, estado físico, analítica,  alergias, incompatibilidades, material adecuado, personal médico necesario, medicación, tratamiento y recuperación del paciente, etc.

¿Y para educar?  ¿Es seguro que se tiene en cuenta los factores que pueden incidir de forma decisiva en el proceso educativo? ¿El proyecto educativo que tenemos responde a las necesidades individuales y colectivas que una sociedad como la nuestra necesita?

Antes de concretar un sistema educativo, es imprescindible tener en consideración a quienes va destinado, con qué finalidad se educa, qué repercusión social se presupone, cómo puede incidir esta educación en los educandos, y qué métodos son los más adecuados para su aplicación exitosa.

Se obvia, de forma incomprensible, la incidencia que la política, los medios de comunicación y el comportamiento de los adultos, tiene para el pensamiento de la niñez y su incidencia posterior en el inmediato comportamiento infantil y juvenil. Tratar los temas educativos con desinterés y no darle la dimensión e importancia que éstos tienen, es jugar con el futuro de los que más dependen de nuestra atención y apoyo.