Corrupción política

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CORRUPCIÓN POLÍTICA

Álvaro Cordón Flores

 

La “corrupción política” es mucho más dañina y peligrosa que la “política corrupta” y, además, todos los corruptos políticos acaban siendo políticos corruptos.

Confundimos político corrupto con corrupto político. Lo primero que se nos ocurre es decir que es lo mismo, sin embargo la diferencia entre uno y otro es abismal y afecta de forma determinante a nuestra convivencia, estabilidad social y, literalmente, a nuestro propio futuro.

 

Ejerce política corrupta quien se aprovecha económicamente del cargo que ocupa por designación democrática. El daño es fundamentalmente económico, es decir roba dinero, pero quien así actúa puede ser denunciado y sometido a la justicia para que le juzgue y, si procede, le condene. Una vez procesado y condenado, e incluso antes en ciertos casos, queda apartado de sus responsabilidades políticas y, si la judicatura así lo estima, se le obliga a la devolución de lo defraudado o afanado. En teoría así es en un estado de derecho cuando, quienes aplican las leyes, actúan de forma correcta y justa.

El corrupto político se autoproclama y se presenta como supervisor de la honestidad ajena, se muestra como encarnizado defensor, traedor y valedor de todas las libertades que él mismo proclama, según sus cánones, y de los derechos democráticos que exige a los demás y que, después, no pone en práctica cuando alcanza el poder.

Actúa como brazo ejecutor justiciero cuando atisba a un adversario en falta (para él, un enemigo ideológico) y abandera el linchamiento mediático y el escrache callejero, ataca a toda institución que no controla y su objetivo final es tomar el poder, a costa de las personas de las que se sirve. Si no fuera porque estamos hablando de política, podríamos decir que nos recuerda a esas organizaciones, fuera de las normas legales, que ejercen actividades que son nocivas para la salud y el equilibrio de las personas, y también para la sociedad.

Primero trabaja para destruir el sistema democrático atacando a sus instituciones y a sus representantes. ¿No suena eso de “no nos representan”? A ellos no los puede representar nadie porque sólo se reconocen a sí mismos. Son unos auténticos autistas políticos, sordos y ciegos a la palabra y a la presencia de los demás. Se consideran dioses e interpretadores de las ideas, sin admisión de intermediarios de los que no se fía, su imperio es su ideología en la que no caben más ideas que las suyas.

La corrupción política acaba en ruina económica y democrática para los ciudadanos, tal como le ha ocurrido a todos esos pueblos donde los corruptos políticos, que dicen que son sus libertadores, se han adueñado de ellos. Como muestra, baste recordar a todo ese rosario de pueblos sometidos a ese concepto de URSS, que durante largos años sufrieron el yugo de sus dictadores llegados al poder, eso sí, en nombre de la libertad y anunciando la dictadura de los proletarios (los más desfavorecidos).

La única dictadura que existió fue la de aquellos que se hicieron con el poder. Los proletarios siguieron siendo incluso más proletarios pero nunca ejercieron poder alguno, sólo sufrieron la dictadura de “sus libertadores”. Eso nos enseña los recuerdos de la historia.

El corrupto político no debate, pontifica, hable ex cátedra, se considera infalible y su verdad no admite discusión alguna, y tienen un mecanismo para descalificar a los demás e insultarles. Les encanta ese de “fascista” que, por otro lado, tan bien les cuadra a ellos.