Casa de Melilla en Madrid

Continúa Álvaro Cordón Flores colaborando con la Casa de Melilla en Madrid en esta categoría de "Pensamiento y Opinión" de nuestra sección de "Colaboradores". Hasta ahora es el único coloborador que se atreve con ella. Gracias Álvaro por tu perseverancia, esperamos que tu ejemplo de frutos y pronto otros amigos se animen a publicar algún artículo en ella.

¡...PODEMOS...?

Puede resultar una palabra mágica para levantar ánimos soliviantados ante la situación actual y la problemática que está incidiendo de forma negativa en gran parte de la sociedad.

Hasta ahí todo normal, lo complicado es cuando “podemos” se sitúa en el contexto en el que nutre sus objetivos y en el modelo de sociedad que nos muestra como paradigma.

Por las palabras de quienes son sus promotores visibles, sabemos que admiran lo que se conoce como revolución castrista o revolución del pueblo cubano.

El régimen franquista duró 39 años, con un proceso de estabilización económica en el año 1966 y una transición hacia la democracia en 1976. Nadie puede negar que, al finalizar la dictadura, la situación económica de los españoles había mejorado en general en comparación con la existente al inicio de la misma.

La transición democrática culminó con la reprobación del parlamento a la dictadura.

La revolución cubana se produce en 1958 con Fidel Castro a la cabeza. Corre 2014.

El modelo “podemos” defiende la revolución cubana, la misma que pasado ya más de 56 años (17 más que el régimen franquista) y con unos resultados mucho menos positivos para los trabajadores, ya que el régimen no ha conseguido una economía más próspera para Cuba y los cubanos, a pesar de las declaraciones hechas y promesas de prosperidad social anunciadas en beneficio de la clase trabajadora si alcanzaba el poder.

Seguramente, un discurso muy parecido al que estamos oyendo aquí, y a estas alturas de 2014. Exigencia y promesa de un salario universal suficiente para todos, buena educación y sanidad, todas las necesidades cubiertas, vivienda digna y con recursos, acceso a todos los adelantos, etc, etc,. Se puede añadir todo lo que se quiera ya que, prometerle a alguien que va a conseguir lo que quiere y desea, tiene el éxito asegurado, aunque ya sentencia la sabiduría popular que: “Una cosa es predicar y otra dar trigo”.

“Podemos” debería explicar a qué se debe que el modelo que nos vende, el cubano o similar, no haya conseguido los objetivos propuestos tras tantos años transcurridos (56).

A ese ritmo, ni nuestros nietos verían las bondades de tales promesas, no satisfechas.

A modo de ejemplo, señalamos el P.I.B. del año 2011 (hay datos de los cuatro).

España: 31.110; / Cuba: 6.051 Corea del Sur: 32.100; / Corea del Norte: 1.800
Siendo importante estas diferencias económicas, aún son más graves y llamativas las distancias democráticas en el caso que nos ocupa.

Al contrario que en España, no se ha producido el viaje hacia la democracia, hasta el punto de que el régimen prohíbe los partidos políticos, de tal manera que para cualquier atisbo de oposición es imposible participar en unas elecciones políticas y democráticas.

Es imposible que allí se puedan dar manifestaciones abiertamente contra el régimen, los participantes inmediatamente serían acusados de contrarrevolucionarios y juzgados según severas leyes al respecto.

Si “podemos” fuera un grupo contrario al gobierno cubano, ¿qué le habría ocurrido?

  • No hubiese podido acceder libremente a los medios televisivos, radiofónicos ni a ningún otro medio de comunicación.

  • No hubiese podido constituirse como grupo político.

  • Jamás hubiese tenido la oportunidad de competir por escaño alguno.

  • Hubiese sido juzgado por difamar a las fuerzas de orden público.

  • Sería acusado de traidor a la causa de la revolución.

  • Sería juzgado y sentenciado por sus declaraciones políticas.

  • Nuestro sistema democrático ya le ha dado a “podemos” mucho más de lo que el sistema que predica puede dar a cualquier ciudadano. La realidad puede verla toda persona que se pare a mirarla con visión de futuro.

Es cierto que cualquier sistema democrático acumula fallos en su funcionamiento, pero no es menos cierto que esos fallos se multiplican en sistemas que no son democráticos.