Casa de Melilla en Madrid

El que fuera prestigioso cronista de la ciudad de Melilla Francisco Mir Berlanga, en su Resumen de la Historia de Melilla en 1975, señala que tanto bizantinos como visigodos   reedificaron la ciudad, siendo así es posible que, los de Bizancio afincados en lo que fue Constantinopla (Estambul), ocuparan la ciudad en tiempos de Justiniano I el Grande después de que éste subiera al trono en el año 527 y extendiera sus dominios por Siria, Egipto, Italia, el Levante español y Norte de África, llegando a su máximo esplendor en el año 565, también se sabe que ocuparon Ceuta en el año 534 y sería después de esa fecha cuando llegaron a Flavia (Melilla).

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Ceuta

El rey visigodo Sisebuto que luchaba contra los bizantinos, consiguió en el año 614 ocupar y reconstruir la ciudad de Melilla, que pasó a depender del reino visigodo con capital en Toledo, convirtiéndola en Sede Episcopal, se desconoce si los visigodos retomaron para la ciudad el nombre de Rusadir o le aplicaron otro, pero si es posible que fuera legal el uso de la moneda en curso el “Tremis” que legalizó y acuñó en el año 575 el visigodo Leovigildo y que anteriormente había sido acuñada por los romanos. El 4 de abril del año 636, fallece San Isidoro de Sevilla en la ciudad que acompaña a su nombre, había nacido en Cartagena 76 años antes. En su obra “Historia Gothorum” aparece el visigodo Suintila como el primer rey de “totius Spaniae”, lo que significa que ya se reconocía a la Península Ibérica como un conjunto denominado España, a la que pertenecía y pertenece Melilla y cuyo primer rey era el que se menciona, elegido por su valor demostrado y que ratificó plenamente durante los años 621 a 631 que duró su reinado, combatiendo con éxito contra los bizantinos. Cuenta San Isidoro que, con la denominación de los visigodos se empieza a acariciar la idea de la unidad peninsular y se habla por primera vez de la madre España, hasta entonces servía el nombre de Hispania, para designar todos los territorios de la península y desde entonces se trata a España como nación. Para muchos la “Historia de los Visigodos de San Isidoro”, es la más valiosa de la época, ya que es la única fuente de información sobre los godos y los descendientes de estos, los visigodos a los que podemos definir simplemente como los godos de Occidente. San Isidoro fue el verdadero puente cultural que permitió el paso, para que no se perdiera la cultura del principio de la Edad Media, el legado que dejó, tuvo una gran influencia en Europa y sobre todo en España (de la que Melilla era parte)  la nación de cuyo nacimiento San Isidoro fue testigo y dio fe. El historiador inglés E. A. Thompson en su libro “Los godos en España” afirma que

“La única fuente continua de información sobre los reinados de los reyes españoles desde Gesaleico a Liuva I (507-573) es la Historia de los godos de San Isidoro de Sevilla”.

Justo reconocimiento que despeja dudas y con el que están de acuerdo todos o casi todos los historiadores.

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Cartografía antigua de Melilla

En el primer tercio del siglo VI, San Isidoro de Sevilla ciudad a la que los romanos llamaban Hispalis y de la que fue obispo desde el año 599 de nuestra era, hasta su fallecimiento en el año 636. Escribe las llamadas “Laus Hispaniae”, donde da a conocer el nombre de España derivada de Hispania como la llamaban lo romanos. La traducción literal de las Laus Hispaniae del primer español es como sigue:

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Melilla

<<Eres, oh España, la más hermosa de todas las tierras que se extiende del Occidente a la India; tierra bendita y siempre feliz en tus príncipes, madre de muchos pueblos. Eres con pleno derecho la reina de todas las provincias, pues de ti reciben luz el Oriente y el Occidente. Tú, honra y prez de todo el Orbe; tú, la porción más ilustre del globo. En tu suelo campea alegre y florece con exuberancia la fecundidad gloriosa del pueblo godo. La pródiga naturaleza te ha dotado de toda clase de frutos. Eres rica en vacas, llena de fuerza alegre en mieses. Te vistes con espigas, recibes sombra de olivos, te ciñes con vides. Eres florida en tus campos frondosa en tus montes llena de pesca en tus playas. No hay en el mundo región mejor situada que tú; ni te tuesta de ardor el sol estivo, ni llega a aterirte el rigor del invierno, sino que, circundada por ambiente templado eres con blandos céfiros regalada. Cuanto hay, pues, de fecundo en los campos, de precioso en los metales, de hermoso y útil en los animales, lo produces tú. Tus ríos no van en zaga a los más famosos del orbe habitado. Ni Alfeo iguala tus caballos, ni Clitumno tus boyadas; aunque el sagrado Alfeo, coronado de olímpicas palmas, dirija por los espacios sus veloces cuadrigas, y aunque Clitumno inmolara antiguamente en víctima capitolina, ingentes becerros. No ambicionas los espesos bosques de Etruria, ni admira los plantíos de palmas de Holorco, ni envidias los carros alados, confiada en tus corceles. Eres fecunda por tus ríos; y graciosamente amarilla por tus torrentes auríferos, fuente de hermosa raza caballar. Tus vellones purpúreos dejan ruborizados a los de Tiro. En el interior de tus montes fulgura la piedra brillante, de jaspe y mármol, émula de los vivos colores del sol vecino. Eres, pues, Oh, España, rica de hombres y de piedras preciosas y púrpura, abundante en gobernadores y hombres de Estado; tan opulenta en la educación de los príncipes, como bienhadada en producirlos. Con razón puso en ti los ojos Roma, la cabeza del orbe; y aunque el valor romano vencedor, se desposó contigo, al fin el floreciente pueblo de los godos, después de haberte alcanzado te arrebató y te armó y goza de ti lleno de felicidad entre las regias ínfulas y en medio de abundantes riquezas>>.

Esta Laus Hispaniae tiene una antigüedad de casi 1.400 años, época en que Ceuta y Melilla ya eran españolas.

Melilla, su entorno e historia