Casa de Melilla en Madrid

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Dibujo de la Conquista de Melilla (3)

Y pasadas las cero horas del glorioso día 17 de septiembre de 1497, y para España, Don Pedro de Estopiñán ocupó la deshabitada ciudad de Melilla, los españoles empleando la técnica de “cava e barrera” y con las vigas y el enmaderamiento y tablas desembarcadas construyeron un cerco en torno a las antiguas murallas derruidas.

A la mañana siguiente los merodeadores cercanos que el día anterior habían observado a la ciudad derruida, pensaron que no podía ser otra cosa que diablos los que allí dentro estaban y huyeron de la zona despavoridos.

La melillense Mercedes Carles Candeira, actualmente residente en Valencia y que es socia de las Casas de Melilla de Valencia y de Madrid, a quien melilleando no le supera nadie, ha tenido a bien aportar su colaboración en honor de Estopiñán, con esta bonita rima poética:

FELICIDADES MELILLA, GRACIAS ESTOPIÑÁN.

No sé cómo darte las gracias

amigo Estopiñán,

por haber hallado

esta magnífica ciudad.

Contigo llegó:

alegría, cultura, felicidad

y poco a poco, ¡¡gran prosperidad!!

Nuestra Vieja Melilla amurallada…

Totalmente renovada,

Nuestra Nueva Melilla…

Totalmente innovada.

Y sus múltiples culturas…

Se mantienen hermanadas.

Muchos fuimos los que allí nacimos

que por circunstancias diversas.

en la Roca,… ya no residimos.

Más queda constancia que

ese mar que separa continentes

por bravío que se encuentre…

nunca ha sido, ni será impedimento

para que sigamos yendo a verte.

Que no seas Peninsular...

¡¡Poco nos debe importar!!

Porque en ese promontorio

donde Estopiñán te encontró,

como españoles y melillenses

siempre nuestro deseo, es y será

que nos volvamos a reencontrar.

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Monumento a don Pedro de
Estopiñán en Melilla.
Autor de la fotografía:
José Manuel Lozano Sola (1)

Así pues, Melilla se incorpora definitivamente a España, 19 años antes que lo hiciera el Reino de Navarra, 162 años antes de que el Rosellón fuera Francés y 279 años antes de que existieran los Estados Unidos de América.

A principio de 1498, la ciudad de Melilla comprendía dentro de sus murallas, 27.270 metros cuadrado, en un perímetro de 1.255 metros, de ello da fe un documento que obra en el Archivo de Simancas.

Según Pedro Barrantes y Pedro Medina cronistas ambos de la casa ducal de Medina Sidonia, en el asiento firmado en Alcalá de Henares el 13 de abril de 1498, constaba: “Para la guarda e proveimiento” los representantes de los reyes y del duque, fijaban la guarnición de Melilla en 700 hombres de distintas armas y, entre ellos, 19 artilleros y un fundidor (reparador de armas de artillería) la expedición estaba compuesta “por cinco mil hombres de a pie y algunos de a caballos” en la ciudad se quedaron conformando la guarnición los indicados en el asiento de Alcalá, el resto regresó a la península. Hay que añadir a este primer asiento, las conclusiones de la Real Hacienda que determinó las cargas y obligaciones de la Corona de España y del Duque de Medina Sidonia. Este último tenía que mantener en la plaza la guarnición acordada (700 hombres). La Corona se encargaba de los sueldos de la gente de guerra (2.949.789 maravedises), además el abastecimiento del trigo (4.082 hanegas). En el primer asiento relacionado con Melilla, se incluyeron los cuarenta hombres de mar (Pelotones de Mar de Melilla, con el tiempo la Compañía de Mar de Melilla, la más antigua de todas las de España), contabilizados con un sueldo diario de 10 maravedís, ligeramente inferior al salario del marinero que eran de 400 maravedís al mes. El trabajo de estos hombres consistía en tripular unos barcos ligeros, de remos y bien pertrechados y aparejados, tenían como principal misión mantener la comunicación con España, perseguir a la piratería y amparar a otros barcos que por sus aguas se cruzaban, el resto de la tripulación la formaba un Patrón o Capitán, un Comitre que dirigía la boga y otras operaciones, tres timoneros y cinco marineros. Los hombres de mar no formaban parte de la Marina de Guerra y su dotación estaba domiciliada en Melilla. 

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Pintura que representa a don Pedro de
Estopiñán al mando de las tropas
conquistadoras de Melilla (3)

Los Reyes Católicos, inteligentemente hicieron suya la ocupación de Melilla, felicitaron al Duque: “porque aquella ciudad de Melilla era cosa muy preminente é necesaria a la seguridad destos reinos de Hespania” y expresaron su deseo de extender sus dominios desde Melilla: “El pueblo aparejado para dende allí conquistar a África”. Ayudaron en lo económico al Duque y enviaron dos compañías reales, con cargo al erario público,  para que no hubiera sólo hombres del Duque, decisión que beneficiaba al Duque, que de esta forma compartía el cupo acordado de 700 hombres exigidos como guarnición.

Historiadores antiguos que coinciden en manifestar que Melilla, estaba abandonada y destruida, cuando la ocupó para España don Pedro de Estopiñán son la inmensa mayoría por no decir todos, citamos a: Pedro Maldonado, en sus “Ilustraciones de la Casa de Niebla” editado en 1544 en Sevilla, hacía sólo 47 años, desde, cuando se consumó la acción; Rafael Fernández de Castro en “Melilla Prehispánica”; Joseph Segarra Baldrich en “Historia de la España Transfretana”; Jesús F. Salafranca Ortega, en “Bosquejo Histórico de la Población y Guarnición de Melilla”, editada por el Ayuntamiento de Melilla en 1987, en su página 13 podemos leer la cita que traduce de Pedro Maldonado

<<La ciudad de Melilla en el año 1497 fue abandonada, asolada y derribada por sus propios habitantes hartos de ser raziados y molestados por las tropas y mesnadas de los reyes de Fez y Tremecen, pues ambos monarcas se la disputaban como propias de sus dominios>>.

Así que Ceuta y Melilla no tienen nada que ver con Marruecos ni les debe nada de nada y lo mismo afirma  la “Historia en su Lugar” de Editorial Planeta en su Tomo IX, página 306, editada en el año 2003, donde se puede leer que: "en el siglo XV, la ciudad fue reconstruida y fortificado el recinto que rodea la Ciudadela".

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Don Francisco Ramírez de Madrid
compañero de Estopiñán en la
conquista de Melilla en un retrato de
Villegas, J. (fl. 1859-1889). (3)

Don Pedro de Estopiñán ocupa la ciudad y no escribe nada de conquista ni de luchas.

Probado está que Melilla fue ocupada sin empleo de armas, ni por otros medios violentos ni siquiera con engaño.

Al estar bañada por el mar seguro que los españoles construirían en la parte más elevada de la ciudad un faro y lo mismo harían los fenicios, coincidiendo más o menos donde se construyó la llamada torre de San Sebastián, que más tarde se llamaría del Caballero y cuando se amplió y reformó dio paso al Baluarte de la Concepción, lugar idóneo por su alta posición, para emplazar las baterías que tan bueno resultados ofreció en la defensa de Melilla. Al parecer en los planos antiguos de la ciudad figuraba en el mismo lugar un molino de viento para moler grano.

La primera Iglesia o Templo construido en Melilla del que tenemos constancia va aparejado con la llegada de Estopiñán en 1497, avalado por parte del Reino en la concesión para su construcción de un “cuento de maravedíes” (un cuento equivalía al millón), y sería ubicado en el primer asentamiento español, seguramente en la Plaza de Alafia posteriormente denominada Plaza de Armas.

Melilla es administrada a la vez por la Corona de España representada por un veedor, y por el Duque de Medina Sidonia a quien representaba un gobernador, éste tenía el poder ejecutivo y judicial, aún en la fecha que hubiere alcalde que solo sería figura decorativa y mero ayudante del gobernador. El veedor nombrado por el Rey se encargaba, como Comisario de Guerra de los ejércitos del rey, era contador y Ministro de Hacienda y de la Marina de la plaza y fuerzas de Melilla, tenía el control efectivo de la guarnición la de fijar los precios de los bastimentos proveídos a los soldados y el adelanto sobre sueldos, la toma en cuenta y razón del derecho del quinto, es decir la quinta parte reservada para la corona, del botín tomado a los moros en las salidas y ataques, en los presos y ventas de esclavos.

El veedor si quería cumplir con su cargo, tenía que ejercer un control sobre el gobernador, ya que excepto el mando de la gente de guerra, todo debería pasar por sus manos. Por eso veedores y gobernadores casi nunca se llevaron bien, lo que dio origen a numerosos conflictos entre ellos.     

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Palacio de Viana, edificio de estilo renacentista
de finales del S.XV, reformado y ampliado en
1843 que fue residencia en Madrid de
D. Francisco Ramírez de Madrid.
Autor de la fotografía: Luis García (2)

La actividad en la ciudad era bastante monótona y entre vigilancia, relevo de guardia, trabajo de construcciones sobre todos de fortificaciones, peleas y duelos, paseos, juegos de entretenimientos y de azar, misas y procesiones se pasaban los días a veces cuando las circunstancias lo permitía, se podía salir al exterior y ocupar el tiempo en ejercicios de caballería, sacar a pacer al ganado, buscar caracoles, espárragos, leña y todo aquello que pudiera interesar y cuando los ánimos se caldeaban con las gentes del exterior, se salía a batallar como ocurría según narra Juan Aranda en su libro “Breve Cronología de Melilla” y blog de Internet, y en algunas ocasiones se conseguían prisioneros que se utilizaban como esclavos y posteriormente se les dejaba en libertad, se canjeaban o se vendían.

Melilla, su entorno e historia