Casa de Melilla en Madrid

Rememorando a don Francisco Mir Berlanga, que fue cronista de la ciudad de Melilla, habilitamos un breve resumen de su libro Guía de Melilla del capítulo - EL ENCANTO DE LA VIEJA MELILLA -:

"Melilla la Vieja o El Pueblo, como cariñosamente la denominan los melillenses, fue edificada a finales del siglo XV, sobre la roca que sirvió de asiento a la antigua Rusadir de fenicios y romanos, destruida y reedificada varias veces, a lo largo de su Historia, como consecuencia de las invasiones de Vándalos y Árabes, o de luchas intestinas (...). Después con el esfuerzo y trabajo de los españoles se fue construyendo una nueva ciudad rodeada como todas las de su tiempo de un cinturón amurallado (...). La Torre del Vigía de Tierra, la del Espíritu Santo, el Baluarte de la Concepción o el Torreón de la Parada, sorprenden por su altura y dimensiones, así como por la delicada labra de sus piedras. Después, cuando el primitivo recinto resultó insuficiente, o las necesidades defensivas lo exigieron se fue ensanchando la ciudad construyéndose nuevos recintos, pues son cuatro los que en total forman el sistema defensivo de la Vieja Melilla. Cada uno de los recintos está separado del inmediato por una puerta; protegida por un profundo foso y su correspondiente puente levadizo. (...). Desde la Torre del Vigía de Tierra se observaba cuidadosamente el Campo Exterior, dándose las alarmas o rebatos, por medio de la campana de la Vela, que todavía subsiste en la Torre del edificio, llamado del Reloj, situado en la Plaza de los Aljibes. Por la parte opuesta existía un Vigía de Mar, atento a señalar el paso de embarcaciones enemigas. Si su número u otras circunstancias lo aconsejaban, se mandaba el correspondiente aviso con el Bergantín de la Plaza que partía raudo hacía Málaga, en demanda de ayuda. Si en su conjunto Melilla la Vieja impresiona y sobrecoge por su fortaleza roquera, su trazado interior es el de cualquier pueblo de España".

Añadimos que, efectivamente Melilla desde el principio fue creciendo al amparo de su españolidad, en ella la moneda que circulaba era la acuñada en Castilla, con la que los Reyes Católicos habían procurado su unificación en el año 1480 y que se implantaría en todo el Estado hasta el siglo XVII, adoptando el excelente o ducado como sustituto de la doble de oro medieval castellana, en el anverso llevaba el busto de los Reyes Católicos en el reverso su escudo, el valor base monetario era el maravedí y su acuñación era para cuatro tipos de monedas: el Ducado de oro con un peso de 3,60 gramos equivalente a 375 maravedís; el Escudo también era moneda en oro de ley sorprendentemente de 948 milésima (94,80% de pureza) 22,75 quilates, con un peso de 3,52 gramos (3,34 gramos de oro puro) que equivalía a 350 maravedís, existían las monedas de ocho escudos, de cuatro y de dos con pesos aproximados y respectivos de 28,16 gramos, 14,08 y 7,04; el doblón, la media onza y la onza con unos valores de 700, 1.400 y 2.800 maravedís respectivamente. Los Reales eran monedas de plata, se emitían: de un real con peso de 3,35 gramos y equivalente a 34 maravedís, existían los dos reales, cuatro y ocho con pesos respectivos de 6,70 gramos, 13,40 y 26,80 y el medio real (17 maravedís). Existía también el real de vellón que era una amalgama de cobre y plata, dos reales y medio de vellón equivalía a un real de plata. Finalmente las monedas de cobre, que se dividían: en Blancas con valor de medio maravedí de ahí surge el dicho popular de "estar sin blancas", la de dos maravedís, el cuarto que pesaba 1,35 gramos y equivalía a cuatro maravedís y el ochavo o de ocho maravedís que pesaban 2,70 gramos. También era empleado el Cuento que equivalía a un millón de maravedís, aunque por supuesto no se acuñaba y solo se empleaba en anotaciones contables. Además estaban autorizadas las de Aragón con sus monedas el Dinero, el Sueldo y la Libra que equivalía a 20 sueldos o 240 dineros que era la moneda base, correspondiente a 312 maravedís. De curso legal era el Peso del continente español americano que equivalía a 450 maravedís.

xiv 1Las obras de reforma realizadas en la Torre de la Vela -antiguo museo municipal- por la consejería de Fomento que dirige Miguel Marín han permitido el descubrimiento del ábside de una capilla construida alrededor de 1580 y que sirvió de altar hasta la construcción de la iglesia parroquial. Se trata de una capilla abierta a la calle -en la actual plaza Pedro de Estopiñán- y que con el paso del tiempo fue cubierta por el edificio de la Torre de la Vela o Casa del Reloj. Al tener contacto con la calle permitía atender los diferentes oficios religiosos y congregar a toda la población que se encontraba en el recinto fortificado. Con esta obra se ha recuperado el espacio original, suprimiendo el forjado, los muros de sillería que estaban cubiertos con cemento y un grueso muro que tapaba una de las caras mejor conservadas. En ella se ha encontrado una hornacina con símbolos y los sillares que aparecen firmados por los canteros que la construyeron. Esta capilla, que llega hasta el primer piso de la Torre de la Vela, podrá disfrutarse una vez se abra al público el futuro museo de arte moderno que se instalará en este viejo edificio y cuyas obras de rehabilitación están prácticamente terminadas a la espera de albergar cuadros de pintores españoles de los siglos XIX y XX.Un maestro albañil podía cobrar un salario de un real (34 maravedís) y el peón, medio real y ambos solo los días que trabajaban, en tanto el salario de un capitán de navío de la Armada de los Reyes Católicos, cobraba 137 maravedís diarios trabajara o descansara.

Según asiento de Fernández de Castro citado por Jesús Salafranca, en aquella época los salarios anuales que percibían los miembros de la guarnición de Melilla enumerados con periodicidad mensual eran: "Alcalde" 12.500 maravedís; Veedor (comisario del ejército y contable de la Plaza) 5.000 maravedís; Oficiales 1.800; Patrón 1.000; Cura, Físico y Cirujano 866; Boticario 700; Soldados a Caballo 666; Soldados de a pie 600; Artesanos 450 más prima por trabajo realizado; Ballesteros 420 y Marineros 400 maravedís, a estos sueldos había que añadir lo que se apresaba en las batidas contra los fronterizos, ya fuera para repeler agresión, evitar que el enemigo robara la siembra de los huertos del exterior, o por ir en busca de leña o sal a la Mar Chica, lo conseguido se repartía equitativamente entre los que habían intervenido, después de restar la quinta parte que obligatoriamente pertenecía al Rey.

Coincidiendo con los salarios antes citado, los precios de algunos artículos en la zona de Madrid que suponemos serían similares al resto de España, se vendían en el mercado estimando su peso en la libra con la equivalencia en 460 gramos y a estos precios: carne de vaca 7,5 maravedís la libra; la carne de carnero a 10,5 maravedís la libra; una docena de ranas 17 maravedís; una docena de huevos 15 maravedís; dos libras de trigo 2,5 maravedís; dos libras de cebada 1,5 maravedís; la berenjena 5 maravedís la docena; la libra de judías verdes de repollo y calabaza a 2,5 maravedís; un vestido hasta los pies de seda valdría 1.636 maravedís, de algodón 872 y ordinario 328 maravedís.

Algunos de estos precios han sido recogidos de la publicación del "Diccionario Geográfico y Estadístico" de Pascual Madoz Ibáñez de 1848, y otros accidentalmente de algunos artículos basados en épocas anteriores a 1800 y actualizados en su equivalencia casi a los comienzos del año 1500, por tanto son datos orientativos.

Asimilando las observaciones del historiador Hamilton del que se hace alusión en Arte Historia en el sentido de que en España en el siglo XVI, los efectos inflacionistas se compensaban entre salarios y precios, por tanto los españoles no perdieron capacidad adquisitiva, incluso en distintos momentos el índice de salarios se situó por encima de los precios. Asimismo hemos podido leer en la cita que hace Juan Velarde en un artículo publicado en la "Razón de España" número 110, en el sentido de que el también historiador Angus Maddison, tasaba en un 0,33%, la media del crecimiento acumulativo mundial entre los años 1500 a 1820.

Con la oportuna reserva y la esperanza de una desviación lo más aceptable posible, para el cálculo de estas actualizaciones hemos estimado las apreciaciones que hacen ambos historiadores.

Por tanto hemos seguido una línea de evolución similar de salarios-precios y pensando que la leve mejoría en ocasiones de los salarios sobre los precios, quizás compensara en parte lo que a veces acontecía que era la casi súbdita y alarmante subida de algunos productos y cuando así ocurría, la intervención de las autoridades hacía que de buen grado o no, los precios volvieran a su cauce que era la subida moderada y controlada.

El precio de oro al fluctuar con asiduidad cambia de valor constantemente, en el momento actual (febrero de 2008) en el mercado internacional se cotiza a 12 euros el gramo, las joyerías sustituyen las joyas de oro abonando por las viejas a 11 euros el gramo. Es casi seguro que en aquella época no existía la espiral de subida y bajada que sucede ahora y su precio comparativamente podrías ser muy inferior al actual.

Aún teniendo en cuenta las inflaciones y devaluaciones sufridas hasta la fecha, sería muy difícil y resultaría venturoso el calcular cual sería la equivalencia y el poder adquisitivo de estas monedas al euro de primero de 2008, con toda clase de reservas podríamos estimar el maravedí en 0,095 céntimos de euros (16 de las antiguas pesetas); el ducado atendiendo al patrón oro, o no, podría oscilar respectivamente entre 39,60 y 35,62 euros; el escudo entre 38,72 y 33,25 euros y los reales unos 3,23 euros.

xiv ml viejaMelilla la Vieja. Autor: José Carvajal López. (1)

Es obvio decir que en Melilla como en el resto de España, eran tres las comidas diarias que generalmente consumía cada vecino, para los menos eran más copiosas que para el resto y estas consistían en el desayuno o almuerzo a base de pan con tocino frito, vino o chocolate que a veces se hacía con agua fría, los habían quienes desayunaban con aguardiente, que acompañaban con una especie de mermelada espesa de miel con naranja, aunque los más pudientes lo consumían a media mañana complementándolo con el desayuno habitual de primera hora de la mañana, la comida principal era la del medio día y el plato que más se consumía era el denominado como la "olla" que se componía de un cocido con tocino, carne, ave y verduras varias, en la de los pobres predominaban las verduras, otras comidas eran el estofado, guisado de carne picada, carne seca, la ensalada, pescado fresco, adobado o seco, queso, embutidos y jamones más bien pocos y los huevos rara vez su precio no eran muy asequible, la tortilla no se conocía el revuelto con espárragos si, la cena se solía condimentar con los restos de la comida principal, se salpicaba con aceite, vinagre, cebolla y especias, sobre el particular se podría acoplar el refrán de "cena con resto de vaca y carnero cena de caballero, cena con resto de poca vaca y sin carnero cena de escudero", se utilizaba la cuchara, el trozo de carne que no cupiese en ella, se comía a base de dedos, los más refinados utilizaban tres dedos los de menos refinamiento ambas manos y pleno de dedos, el tenedor y el cuchillo no fueron conocidos hasta el siglo XVIII, los filetes tampoco, el fuego a base de leña y quien disponía de un pequeño horno lo utilizaba y en su defecto un anafre también de pequeña dimensiones.

En Castilla abundaban el ganado lanar, caprino y vacuno, el cerdo en menor cuantía, la carne más apreciada era la de carnero, el ave de corral era caro, existían las aceitunas verdes y negras, la patata en España no se cultivaba y el tomate se consumía rara vez y siempre en ensalada, frutas las habituales de siempre, la vigilia escrupulosamente se guardaba y en esos días, desaparecían del mercado toda clase de carne y huevos, predominando el pescado el fresco era más caro que el de escabeche o el salado, el bacalao también se solía vender mojado y esto era más o menos lo relacionado con el condumio en aquella época, en toda la Península Ibérica y perteneciendo Melilla a Castilla, pues también tendría reflejo de las costumbres y capacidades castellanas.

Hay relatos que confirman que las primera guarniciones para la defensa de la plaza de Melilla, estaba formada por 200 hombres que pertenecían a la guarda Real, que junto al resto 500 hombres de la guarda Ducal, completaban exactamente el número indicado en el primer Asiento de abril de 1498. Hay autores que difieren como Jesús Salafranca que dice son: 279 hombres de la Casa Real y 421 de la casa Ducal, el total es el mismo 700.

A partir del 1 de mayo de 1498, entraría en vigor los acuerdos entre la casa Real y la del Duque, los sueldos de los hombres de guerra más los 130.624 kilos de trigo equivalente a las "hanegas" o fanegas indicadas en el Asiento, serían asumidos por el Rey, el resto de gastos sin excepción, entre otros las obras necesarias para la defensa de la ciudad y los sueldos que originaban, los bastimentos y transporte de mercancías vendiendo estas al mínimo precio sin ganancias y el abastecimiento de todo el armamento necesario para la guarnición, corresponderían al Duque. Los gastos reales del primer año ascendieron a 3.949.789 maravedís, además del trigo.

Melilla, su entorno e historia