Casa de Melilla en Madrid

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Mercedes Carles Candeira, continúa en su línea de colaboración con nuestra página web y nos envía una segunda entrega de sus poemas.

Amante sin par Ir al índice

Ayer fui ingrata contigo.

Te dejé en el cajón de los olvidos,
tú, que eternamente me acompañas
siendo mi fiel amigo.

Siempre te tengo a mi lado
haciendo que me sienta fresca,
renovada y sentida
pues a nadie dejas indiferente.

Anoche, al no tenerte comigo
me costó conciliar el sueño,
daba vueltas y no te sentía
algo faltaba en mi lecho.

Tu compañía embriaga mis sentidos,
sea cual sea la postura
allá donde me muevo,
envuelta en ti me hallo.

Si respiro, te siento
si mi almohada acaricio, te siento
si alargo mis brazos, te siento
si revoloteo sobre mí misma, te siento.

Haces de mis sueños y desvelos
sutiles fragancias

¡Cómo te pude olvidar,
mi perfume querido, amante sin par!

 

Duermevela Ir al índice

En los despertares nocturnos
de entre sueños profundos,
donde te siento a mi lado
entrelazada en tus brazos
sintiéndome tuya,
y tú siendo mío.

Mientras busco tus labios
para depositar los míos,
el duermevela me avisa:

¡Despierta, estás dormida!

Entreabro mis ojos
y a él le explico:
no me rompas las quimeras,
pues el destino está escrito.

Allá donde se halle,
entre ensueño y ensueño
despertará conmigo.

Y se irán los despertares
al ver mi sueño cumplido.

Teclados con arte Ir al índice

¡Qué!, es difícil escribir, ¿eh?

¿Me lo preguntas a mí?

¡Calla!, máquina infernal,
casquivana y pendenciera,
que por todos te dejas tocar.

Te conocí desnuda,
desprovista de letras,
y hoy te tengo arropada
de la A a la Zeta.

¡Te podrás quejar
de esta amiga sin igual
que teclea y teclea sin parar!

Mas, no te las des de listo ¡teclado!,
que tienes un gran rival.

¿No te lo crees?
¡Ahora verás!

Tiene teclas como tú,
provistas de dos colores:
ébano y marfil.

Allí no aporrean teclas,
es algo más delicado:
los dedos las acarician.

Supongo que ya sabrás
de quién te hablo.

¡Que no, que no es mengano ni zutano!

¡No seas tan arrogante!,
esos no disponen de teclas,
¡sé un poco más tolerante!

Te hablo del ¡piano!

Eso sí, aunque más elegante,
ambos tenéis en común
virtudes muy similares.

Tú trasladas sentimientos,
él, subliminales arpegios.

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