Casa de Melilla en Madrid

Poesía

Los últimos coletazos del año 2012 siguen propiciando buenas nuevas a la Casa de Melilla en Madrid y un nuevo artista melillense se incorpora a nuestro equipo de colaboradores.

Fernando Fiestas, uno de los socios de más reciente incorporación a nuestro proyecto de casa regional y asociación cultural, comienza su relación con la casa con una intensa actividad y nos envía una generosa colaboración integrada por seis poemas; uno de ellos "Las Miradas de la Memoria" con trasfondo de nuestra tierra y además inédito; detalle que le agradecemos por lo que para nosotros significa que uno de nuestros socios tenga el generoso gesto de publicar en primicia una de sus obras en nuestra página web.

Nacido en Melilla en 1962, Fernando Fiestas es Doctor en Bellas Artes, poeta y pintor artístico.
Como pintor realizó muchas exposiciones tanto en España como en el extranjero y cultiva el dibujo, la pintura, el grabado y la ilustración de libros.
Como poeta, tiene publicados un poemario, otro en próxima aparición y ha participado en numerosos recitales tanto en Madrid como en diversos lugares de la geografía española.


En tu busca Ir al índice

Hemos dado la vuelta
a la piel del lenguaje
para conocer el amor.

No está compuesto de palabras
ni de rumores ni de signos,
es el idioma del silencio
al mirarse a los ojos,
del suave avance de las bocas,
de los susurros al oído,
de los cabellos enlazados.

Son las alas sin plumas
para emprender el vuelo
sobre toda costumbre
y el desafío de las dagas
adelgazando el aire,
es el alimento fugaz
de las voces que no se encuentran
entre espejos en flor.

Como entrar por la misma puerta
en tu busca dos veces,
perdida en laberintos de nostalgia
y llevarte de un sueño
hacia otro sueño.

Como cuando sobran los pronombres
ante la verticalidad de las cascadas.

(Editado en “La hoja azul en blanco”, otoño-invierno 2.012)

Mediana edad Ir al índice


¿Con qué preguntas me conformo
para los años que me quedan?

Debo robar miradas al espacio,
(por no decir al tiempo),
calcular las respuestas
hasta dar con la clave del destino.

Nadie puede saberlo.

Yo tampoco, quizás.

Pero dejadme solo,
que sienta mis errores.

No necesito faros ni esas almas gemelas
de las que tanto habláis.

Sólo un sitio en el suelo
y mis rituales.

(Editado en Revista “Troquel”, otoño 2.012)

Duerme vela Ir al índice

Jamás comprenderé por qué las noches
me dicen tantas cosas,
está el mismo retrato del desván
que nos intriga,
los ladrillos que fingen ocultarse
en esquinas de hoteles
y el fugaz sacrificio de las estatuas rotas.

Quizás se deba al sol de las penumbras
esta quietud secreta
donde son tan profundos los susurros.

Pero no importa.

Me quedo con los márgenes del sueño
mientras la calle aguarda la hora de las musas.

Ya me despertarán los minotauros
por mucho que esta mecedora
se empeñe en alejarme
de la profundidad
de mis ojos cerrados.

(Editado en “Álora, la bien cercada”, diciembre 2.011)

Las miradas de la memoria Ir al índice

(Poema tríptico-Trasfondo de Melilla)

1

Mis mejores recuerdos
asaltan las perfumerías
y todos los balcones
que atraviesan
mi pequeña ciudad.

Ayer pasé la tarde
buscando mi otro yo
en blanco y negro,
con el álbum del tiempo
en mis rodillas.

Un niño en patinete
arañando la piel de las aceras.

Mis recuerdos se escapan
como si se incendiara el aire,
para volver en sepia.

Y mis papeles rotos,
despavoridos.

2

Aquí, como es costumbre,
lo pienso todo detenidamente,
siempre sostuve
que detrás de un papel
yacen todos los gestos olvidados.

Lo pienso detenidamente:
aquella casa
con sus puertas y zócalos
y balaustres y enigmas
que hubo que derribar
para que allí vivieran otras casas.

El niño que sonríe eternamente
en la fotografía,
un cactus como estatua esfinge
en el despacho
y máscaras dogones
que guardan el pasillo.

Y mi dolor que sigue.

Ahora que de aquello
solo quedan el aire y la nostalgia.

3

A veces lo visible es un erizo,
duerme
con sus espinas al acecho.

No importan las ventanas.

No importan sus visillos inclementes.

Tantos años de jueves lentos
para escaparme de la infancia.

Tanto tiempo con libros sin abrir
mientras la casa sigue oscura.

Oscura para siempre.

Para que nadie diga
que detrás de la nada
nací una vez.

(Inédito, septiembre 2.012)

Lontananza Ir al índice

No voy a perder la costumbre
de ver la primavera
animando a la luz
a pesar de los dioses.

Dejad que el viento
haga añicos a los relentes
de las esquinas
porque lo emocionante
es ser testigo de las casas
cuando envejecen,
como cautivadores
son los rayos de los atardeceres
que encuentran la salida
de todo laberinto
para alumbrar a los parques.


Es el milagro de observarlo todo
desde la misma altura
que las montañas,
lo visible se puede contener
sobre la palma de una mano.

Basta extenderla
hacia lo poco que queda del sol
para ser nuevamente niño.

Fuera del cielo,
los días se van alargando
mientras duermen intactos los fetiches.

(Editado en “La hoja azul en blanco”, primavera-verano 2.011)

Los seis sentidos de la noche Ir al índice

Ver cómo
la noche filtra luz por las cortinas,
vertical como siempre,
desfigurada en ángulos
que resbalan por naipes y persianas.

Escuchar cómo
entre revelaciones,
un baile
puede cambiar de sitio a cualquier sombra,
sin que importen los focos.

Sentir
el derribo de los instantes
que golpean a las puertas
indecorosamente.

Notar la luna
saliendo sin permiso de la madrugada.

Y oler a palosanto
mientras mastica
tu paladar la carne de las fresas.

Amarte,
desamarte.

Descalzarse y sentir –otra vez, sentir-
el frío en las baldosas.

Marcharse y no hacer ruido.

Concluir
que la noche es la respuesta
a las dudas del día.

(Editado en “La hoja azul en blanco”, otoño-invierno 2.011).

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