Casa de Melilla en Madrid

Poesía

Álvaro Cordón, el poeta y lingüista melillense, gran amigo de la Casa de Melilla en Madrid, nos regala nuevos poemas que unimos a esta segunda colección.

Hoy nos remite uno nuevo, "Siempre el mar", que incorporamos a la colección.

Y ahora con una importante novedad: Algunos los puedes escuchar recitados por su autor.

Los marcados con * los puedes escuchar recitados por su autor.

Los poemas "Si yo amara..." y "Vengo, desde el clamor" fueron publicados en:"Roquedal Azul" de Encarna León (Antología de Poesía melillense. 2011). Editado por la Consejería de Cultura de Melilla.

Si quieres acceder a la anterior colección, "Poemas: A. Cordón (I)" accede al enlace pinchando aquí.


Siempre el mar Ir al índice


Si todos los marineros,
que navegan en el mar,
se fueran a vivir a tierra,
yo, me quedaría aquí,
como velero perdido,
sentado sobre su orilla,
junto a las gaviotas grises...
al píe de empapadas rocas,
donde las brisas y el aire,
se entretienen con las olas.

Se pierde la vista clara,
en las infinitas perlas,
que forma, al caer, el agua...
precipitada en cascada.

El mar, siempre el mar,
siempre el incansable vaivén
de espuma dorada y verde,
en la soledad más amplia,
más húmeda, más real.

El mar, siempre el mar,
siempre su bruma marina,
en calma, o en tempestad;
siempre su eterna llamada
para viajar, en sus mareas,
en barcos de blancas velas,
surcando la libertad.

El Tiempo Ir al índice

El tiempo...
es un loco en una cuerda
que atraviesa los segundos,
es un fantasma insensato
que fustiga los olvidos,
es un acróbata inútil
que juega con el destino;
es un guardián celoso,
constante y escurridizo,
un retador de recuerdos.

El tiempo...
es un corredor de fondo,
agotador, impreciso,
es un esperar eterno,
un depredador de instantes,
es un baúl de pretéritos;
un conciliador de luegos,
saboteador de presentes,
expectante de futuros
en vacíos intermitentes.

Si yo amara * Ir al índice

Si yo amara,
volaría en el amor
como viento suave,
rozaría su brisa
con plumas de cisne,
nadaría en sus ojos
como una caricia,
quedaría en silencio
sobre una bahía.

Si yo amara,
habitaría en el mar
en una barca de trapo,
aquietaría sus latidos
con mis manos abiertas,
caminaría en su espuma
como aire de aurora,
dormiría en su calma
como una marea.

Si yo amara,
llenaría de versos las zarzamoras
en un arrebato de fantasías,
colmaría de sales las frambuesas
con lluvias de alegorías,
abrazaría sus olas de agua
con poemas de burbujas,
zarparía en una balada
sobre una ausencia velera.

Vengo, desde el clamor Ir al índice

Viajando sobre los brazos del viento,
vengo, desde el clamor de la otra orilla,
para acallar la nostalgia en el tiempo;
vengo a mi hogar... a mi casa... a Melilla.

En mis afanes, traigo lo que me diste:
amor a la vida, saludo amable,
el sentir de los sueños, la poesía,
y un crisol de recuerdos entrañables.

Entre brisas de poniente y levante,
mi alma, nacida en los ecos del mar,
se cubrió de versátiles azules,
nácar, espumas y aromas de sal.

Fui mirada abierta de tus auroras,
buscador de caminos en tus calles,
amante en las sombras de tus murallas,
soñador en la magia de tus aires.

Vibran, en el corazón de mis versos,
el altivo cimbrear de tus palmeras,
el vaivén de tus olas embriagadas,
el rumor de tus aguas en la arena.

Y yo...
que soy anhelo de visiones profundas,
quedé absorto en el pasar de tus días,
atrapado en los sentimientos verdes...
que dejan, tus tardes, en la bahía.

Ciudad querida * Ir al índice

Miré, con el pensamiento,
a mi ciudad querida;
los caminos donde andaba,
sus rincones y avenidas.

Las manos en el bolsillo,
jugando con las monedas;
el descuido, atento al río,
y los pies pisando arenas.

Al compás de las pisadas,
marcaba el ritmo del tiempo;
pensaba en los amigos,
en su amistad y su charla.

Quise traspasar olvidos,
cubriéndolos de recuerdos;
iba buscando el pasado...
en la brisa de la playa,
y en el azul de su cielo.

Apoyado en la muralla...
que vigila la farola,
quedé al atardecer,
dejando pasar las horas.

La marea de las palabras
rompió aquellos momentos...
de las miradas perdidas
sobre las calles del Pueblo.

Mi mirada sobre el puerto,
mis sueños en la bahía,
mis tardes sobre la tarde...
el transcurrir de los días.

Llover...* Ir al índice

Llover...
es una forma... de dejar caer...
las contenidas lágrimas,
esparcidas por las calles.

Es un desgranar de rencores,
de ira, de impaciencia desatada,
de colores tristes que escapan...
de un alma sin arcoíris.

Es la dejadez, en el agua,
de las angustias disueltas
en las penas solitarias.

Es un romper de pesares,
que abarca todas las nubes
que nacen de madrugada.

Es la aflicción contenida
de las palabras sin nombre,
que caen, precipitadas,
desde el corazón del hombre.

Quedan, en las lagunas del suelo,
helados los sentimientos,
sobre las ondas cuadradas
de un círculo en movimiento.

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